¡Internado en Suiza!

La historia del Messerschmitt Me 110G-4, C9 + EN

 
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Autor: José Luis Orgeria
Fotos: Livio Mostini

 

La noche del 19 de mayo de 1944, el caza nocturno Messerschmitt Me 110G-4 código  C9+EN del 5/NJG5, estalló en llamas en un extremo de la pista del aeropuerto de Dubendorf, Suiza. No fue un accidente. Tampoco un acto de sabotaje. Altos funcionarios de la Luftwaffe, las SS y autoridades del gobierno suizo estaban presentes contemplando, pasivamente, la destrucción de la máquina.
Durante casi cincuenta años los sucesos ocurridos aquella mañana estuvieron envueltos en contradicciones, desmentidas y cierta cuota de misterio. Hasta comienzos de 1980, la versión oficial indicaba que el Me 110G-4, que debió efectuar un aterrizaje de emergencia en Dubendorf luego de un combate aéreo, había sido destruido por un comando secreto de la Gestapo, enviado con ese fin a Suiza por órdenes directas de Hitler para evitar que los secretos de su radar SN-2b Lichtenstein cayera en manos enemigas. Esta es, por ejemplo, la versión que figura en la revista El Mundo de la Aviación nº9, pág. 173.
Sin embargo, la reciente desclasificación de ciertos archivos por parte del gobierno suizo han permitido conocer la verdad de lo ocurrido. Y esta verdad resultó ser más apropiada de una película de aventuras de la IIGM... revelando, al mismo tiempo, uno de los más oscuros aspectos en la enfebrecida política de los gobiernos involucrados durante el último año de la segunda guerra mundial. A continuación se narra la historia de estos eventos. 

El combate.
Noche del 27 al 28 de abril de 1944. Formaciones de bombarderos británicos Lancaster acaban de atacar territorio alemán y los sobrevivientes huyen desesperadamente a casa. Luego de derribar un Lancaster al sur de Bavaria y averiar seriamente a otro, el teniente Wilhelm Johnen, a los mandos de un Messerschmitt Me 110G-4 código  C9+EN del 5/NJG5, se lanzó en persecución de otro Lancaster rezagado que volaba cerca de frontera con Suiza.  Ambos aviones abrieron fuego al mismo tiempo, y el Me 110 fue alcanzado por una salva de disparos en el depósito de aceite del motor de babor, el cual comenzó a perder aceite. Johnen abandonó la persecución y en un intento por regresar a su base, penetró el espacio aéreo suizo y fue encandilado por los reflectores de rastreo del aeropuesrto de Dubendorf. Johnen, ahora con un solo motor, debió aterrizar sabiendo que, de acuerdo con las leyes del gobierno suizo, su avión sería “internado” (esto es, confiscado, en términos menos elegantes) en Suiza definitivamente. Durante el aterrizaje, Johnen reconoció las siluetas de varios B-17 y B-24 estacionados a un lado de la pista que habían corrido la misma suerte.

El avión y su tripulación.
La presencia de este avión en Suiza cayó como un balde de agua fría en la cúpula de la Luftwaffe debido a que tanto la máquina como su tripulación eran muy especiales. Su piloto, W. Johnen, era ya un As de la caza nocturna, con más de 10 victorias en su haber. Su artillero, Paul Mahle, era nada menos que el inventor del sistema de disparo oblicuo (Schräge Musik), quien había recibido un premio de 500 marcos por su invento. Su operador de radio (Joachim Kamprath) había violado las reglas de procedimiento de seguridad llevando consigo los códigos secretos de radio y radar, con la seguridad de que volvería a su base sano y salvo.
Pero lo peor de todo lo constituía el mismo avión. Este Me 110G-4 era uno de los primeros en su tipo en llevar a bordo el nuevo radar  FuG 220 Lichtenstein SN-2b. El SN-2b constituía un sofisticado sistema de detección y alerta temprana de caza nocturna y era, por lo tanto, uno de los secretos más cerrados de la Luftwaffe.
Veinte días después del aterrizaje, el Me 110G-4 de Johnen estalló en un extremo de la pista del aeropuerto de Dubendorf. El suceso fue convenientemente silenciado y pasó rápidamente al olvido, opacado además por eventos más importantes como la invasión a Europa (día “D”) y la posterior cadena de eventos que terminaron en la caída del Tercer Reich. Pero una demanda que el gobierno suizo entabló a su par alemán en 1951 reveló circunstancias hasta entonces desconocidas.

Problemas diplomáticos: Hitler, la SS y la “neutralidad” suiza.
Hoy se sabe que la neutralidad de Suiza en la Segunda Guerra Mundial no era tal. El sistema de inteligencia alemán venía trabajando en forma conjunta con el gobierno suizo para tratar de obtener información respecto de una posible invasión a Europa por parte de los aliados. A cambio de esta información, Alemania proveyó de equipamiento militar a Suiza. Obviamente, todo esto se desarrollaba en el máximo secreto para no perjudicar las relaciones suizas con los aliados.
Göering tuvo que decirle a Hitler que este avión supersecreto y su tripulación estaban internados en Suiza. Pensando que se trataba de una acto de traición, Hitler ordenó arrestar a los familiares de la tripulación y enviar a Suiza un comando de las SS para asesinarlos y destruir el avión inmediatamente. Más tarde cambió su idea por la de destruir únicamente al avión, manteniendo con vida a los aviadores. El cambio de opinión obedeció al hecho de que el Servicio de Inteligencia aconsejó a Hitler no intervenir militarmente en Dubendorf para no complicar las relaciones entre ambos países. Esto, debido a que los rumores de una invasión crecían día a día. La SS mantuvo varias reuniones con el gobierno suizo para estudiar la posibilidad de regresar el avión. Suiza se negó porque ello podría comprometer ante los aliados su “neutralidad”. Después de veinte días de intensas negociaciones, se arribó a un acuerdo: el avión sería destruido en Dubendorf con todo su equipo ante testigos alemanes. De esta forma, se les daba a los alemanes la garantía de que no caería en manos aliadas. A cambio de este “accidente”, el gobierno alemán se comprometía a entregar a Suiza 12 cazas nuevos Me 109G, con armamento completo y equipos de mantenimiento.

 

El engaño suizo...
Pero los alemanes ignoraban que mientras tanto los técnicos suizos ya habían desmontado el radar y descifrado sus códigos secretos, aunque esta información nunca fue pasada a los aliados. El día 19 de mayo de 1944 por la mañana, los técnicos suizos reubicaron cuidadosamente el radar en el avión de Johnen. A las 22 hs. de ese día, y  ante testigos de la Luftwaffe y SS, el avión explotó por los aires en un extremo de la pista. Alemania cumplió su palabra y entregó a Suiza los 12 cazas. Al día siguiente, Johnen y su tripulación regresaron a Alemania, donde fueron sometidos a un intenso interrogatorio por parte de la Luftwaffe.  Una vez que todo fue aclarado, volvieron a su unidad y fueron recibidos como héroes. No sólo por la odisea vivida, sino porque trajeron de contrabando miles de cigarrillos suizos que fueron repartidos entre el personal de su unidad...
 

...Y el engaño alemán.
Johnen sobrevivió a la guerra y aun vive en Alemania. La historia de su avión, sin embargo, terminó recién siete años después, en 1951, cuando el gobierno suizo demandó al gobierno alemán y a la fábrica Daimler Benz... porque los 12 Me 109G ¡habían sido entregados en pésimo estado operativo!
 

La maqueta.
Cuando decidí armar el kit de Revell 1:32, sólo estaba seguro de que mi versión sería de alguna unidad de caza nocturna. Durante el proceso de recopilación de la información, llegó a mis manos la historia del avión de Johnen, la cual me pareció fascinante. Aunque existen esquemas de cazadores nocturnos alemanes tal vez mucho más atractivos, terminé por decidirme por esta versión debido a la particular odisea que éste representa.
La maqueta reproduce al Messerschmitt Me 110G-4, código C9+EN, piloteado por el teniente Wilhelm Johnen del 5/NJG5 en abril de 1944. Se muestra en el estado en que se encontraba cuando debió aterrizar en Dubendorf, Suiza, la noche del 27 al 28 de abril de 1944.


Sus características son las siguientes:

Transformaciones y modificaciones realizadas

Comentarios acerca de la mimetización del avión.

         Según fuentes suizas, este avión estaba pintado de RLM 76 en las superficies alares dorsales y fuselaje. Sobre éste se aplicó RLM 75 en forma irregular, formando el patrón característico de los cazadores nocturnos de la época. La superficie ventral del ala de estribor estaba totalmente pintada de negro mate; por lo tanto, la insignia nacional correspondiente (sólo de esta ala) estaba pintada en “negativo”; es decir, en blanco.
El detalle interesante en el esquema de este avión es que, dorsalmente, fue aplicada una nueva mano de RLM 76 sobre el RLM 75; es decir, se realizó un “sobrepintado” de RLM 76. Con mi maqueta decidí proceder exactamente de la misma forma, en la misma secuencia (76-75-76, en ése orden) obteniendo un efecto extremadamente realista cuando se compara con las fotos del avión real (Figuras 4 y 6).
Sin embargo, creo necesario advertir a los modelistas principiantes sobre el riesgo del proceso de “sobrepintado”. Si por algún motivo esta última película no resulta como esperamos (demasiado RLM 76, chorreados, etc.), entonces sobreviene el desastre... y tendremos que empezar todo el trabajo de pintura nuevamente.
En cuanto al estado general del avión real, se señala que éste se encontraba casi nuevo, sin los desgastes naturales de un uso intensivo. La excepción era la densa estela negra sobre el ala de babor, producto del aceite vertido a través de los escapes de los motores (Figura 6) y la salida de las bengalas de identificación por el costado de babor (entre los puestos del radarista y el artillero; Figuras 2 y 7). Esta zona en particular se encuentra densamente manchada (en realidad, quemada).
Otro detalle importante (observado por Livio, amigo modelista y técnico aeronáutico y por lo tanto extremadamente detallista en su área) es que si el avión aterrizó con un solo motor, debería presentar las hélices en bandera en el motor dañado. Sin embargo, las fotos del avión en pista muestran que las hélices se encontraban en posición normal. De todas maneras, es totalmente válido (y hasta muy interesante) que los modelistas deseen representar al C9+EN con el detalle de las palas en posición en bandera. ¿Porqué no?
Por último, debe tenerse en cuenta una práctica común aplicada a la mayoría de los aviones dotados de antenas de radar: las antenas inferiores (y sólo las inferiores) del radar de  proa estaban pintadas en la secuencia rojo-blanco-rojo, seguramente como medida de prevención de accidentes para el personal de tierra (Figura 5).

 

   

Referencias bibliográficas :

 

 


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